¿GRAN MUSEO? O… ELEFANTE BLANCO…

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 Así que ven, éste es el tronco de una ceiba. De la fronda mejor ni hablar. El caso es que llegamos puntuales a nuestra última visita, nuestro curso vivo de cultura, que nos congrega a un par de veintenas entusiasmadas y deseosas de aprender, observar, escuchar y conocer lo que nuestra ciudad nos ofrece en materia de libros, teatro, cine, pintura, música y ese aspecto cultural que la mayoría nos tomamos a la ligera desde nuestros primeros años en la escuela hasta nuestros días de temprana juventud: los museos, esos repositorios del pasado antiguo, del pasado reciente y, según quieren decirnos algunos funcionarios, del “primer paso de nuestro futuro”, como señaló el flamante titular de la Secretaría de la Cultura y las Artes el Día Internacional de los Museos hace unos días.

Pero no es igual ir de solitario, o en una gruesa y desordenada fila de chamacos ruidosos y juguetones, que ir, como lo hacemos ahora, a conocer lo que algunos ni siquiera sospechábamos. Ir como grupo especial recibido con toda afabilidad por el Coordinador de Salas del GMMM.

Somos guiados hasta una pequeña sala oscura donde vemos una proyección que nos habla del universo, de nuestro planeta, donde todos levantamos la vista hacia la cúpula para ver y oír lo insondable. Nos dejamos envolver por una atmósfera un poco siniestra: Armagedón. ¿Es el comienzo o el fin de una era? Es el amanecer hace 65 millones de años. El viaje nos lleva al interior de un nautilo. Nos hablan de cataclismos en la tierra, del meteorito de Chicxulub, de los cuatro jinetes del Apocalipsis; nos muestran una cita de Einstein que habla de milagros…del dramatismo que encierra imaginar cómo desaparecieron los dinosaurios y como comenzó el nuevo amanecer.

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Y así, envueltos en ese halo de magia y de misterio (magia tecnológica y textos que nos llevan a preguntarnos ¿de quién es el guion?) Pasamos a la sala temporal y sí, por qué no admitirlo, comienza nuestra fascinación al recorrer con los pies y con la vista un espacio con hallazgos, réplicas (es difícil distinguirlos a veces), al tiempo en que escuchamos las explicaciones del antropólogo a cargo de las salas, quien nos habla de la península que surgió del mar, y de que por eso esta bendita tierra que pisamos es muy joven.

En esta primera sala nos deslumbra una figura… ¿maya? No, de Indonesia…pero para el caso, todo a nosotros nos resulta exótico, exógeno, excéntrico, vamos, hasta la magnífica colección de insectos grandes, brillantes, tornasolados y transparentes, que así se ven preciosos…disecaditos, fijos y guardados en cajas de cristal para su exhibición y para ser admirados de lejitos.

“En mi patio vi uno el otro día”, nos dice una compañera, cuando juntos admiramos a través del cristal a los más extraños e increíblemente bellos bicharracos.

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¿Así de grandote? Le preguntamos. No tanto, más chiquito… ¿Así de ese mismo color tornasolado? Igualito, nos dijo.

¡Uay! ¿Ya vieron ese alacrán? Ese no es cualquier alacrán, es tremendo escorpión. ¿Se imaginan una picada de eso? No la cuentas, te mueres en grande porque está gigante…

Los hay de todos tamaños y colores, qué generosa es la tierra, cómo pudo dotar a seres tan repugnantes de esa belleza de formas y colores.

Wow…mariposas, catarinas, escarabajos, todo colosal, la vida en el planeta era más exuberante, no como ahora, que todo se extingue.

Tal vez nuestra fascinación es exagerada o bien tan grande como para concentrarnos en lo que estamos viviendo al encontrarnos en el interior del edificio del museo que ha suscitado tantas controversias y ha dado tanto de qué hablar, casi siempre en tonos exaltados por la legendaria desconfianza y la duda ciudadana. Qué fines aviesos llevaron a la construcción de este…cómo decirlo…monumental desplante de poder y de magnificencia, extraña conjunción del talento de jóvenes arquitectos orgullosamente yucatecos, como nos dice nada menos que la mera directora del GMMM, la Dra. Rosalba Robles, en su bien articulado discurso y grata presencia como anfitriona del lugar: “leyendas o mitos urbanos”, nos decía a cada alusión a todas las habladurías acerca de cómo se hicieron de los acervos del museo…de cómo saquearon otros museos, principalmente el antiquísimo Palacio Cantón. Eso no lo sabemos ni lo sabremos nunca. Ni si son, en efecto, solo leyendas o mitos.

Lo cierto es que el amable antropólogo coordinador de salas responde, ante nuestra perplejidad al ver la cantidad de espacios impresionantemente grandes, y aparentemente desperdiciados (parecen helipuertos, bunkers, sitios de churro de ciencia ficción, a los que se tiene pensado darles uso: son salas útiles, transformables, espacios muy solicitados. Hay muchos planes para el uso en el futuro de estos espacios, para realizar muchas otras actividades.

La directora habla de sacar el museo a la calle, a las poblaciones, acercarse a la gente; habla también de que buscan la fórmula para convertir el museo en un instrumento educativo –como debe ser todo museo, y que pese a que no es rentable, nos dice convencida, como curándose en salud, nos habla de datos elementales como los horarios, cuánto cuesta la entrada, de la situación jurídica del Museo, de que se rentan los espacios, de que las escuelas del interior del estado entran gratis. Se queja de que la Secretaría de Educación mande a los alumnos de mejores promedios cuando son los “burros” quienes tendrían que ir a aprender.

Habla también de que se necesita un patronato, formar lo que se conoce en todo patronato de orquestas y museos como los Amigos del Museo. Nos habla de los premios que el Museo ha obtenido: Cemex, Miguel Covarrubias y otros. Dice que el Museo tiene sólo 20 empleados, pero nosotros vemos más: vemos muchos guardias de seguridad, o cuidadores habilitados como polis que nos siguen muy de cerca para que no hagamos tonterías como tocar lo que no debemos, acercarnos demasiado, tomar fotos con flash.

Cuando se le cuestiona acerca del saqueo del Palacio Cantón afirma que éste no tiene condiciones ni espaciales ni de mantenimiento ni de almacenaje, mucho menos de restauración y conservación. Añade que las bodegas tenían material que nunca había salido de ahí desde que fue resguardado.

Nos revela que en el interior del estado los museos comunitarios u otros baluartes históricos están en ruinas. Eso lo sabemos. Motul es uno de ellos. La casa de la familia Carrillo Puerto abandonada, cayéndose. Repite lugares comunes: anarquía administrativa, falta de legislación, lastre cultural, falta de métodos y estrategias para la obtención de recursos.

Cita también el estado lamentable del edificio del Macay. En efecto, el ex Palacio del Arzobispado se está cayendo por falta de mantenimiento, falta de políticas de restauración y conservación.

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En fin, todo este discurso bien articulado de la directora nos devuelve a la tierra, a los asuntos cotidianos, a la realidad; digamos que logramos olvidar los menesteres prácticos de allá afuera mientras recorremos las salas con sus maravillosas piezas. No dejamos de sentir un júbilo distinto cuando vemos las estilizaciones y conceptualizaciones modernas de lo antiguo en estrecha convivencia con lo nuevo: los pisos de mosaicos, como en casa de la abuelita de Erik, nuestro compañero que se admira del tapete floral pero geométrico, “computarizado” de los mosaicos originales. Opinamos algunos que hubiera sido más meritorio no sólo recrear un estilo, sino llevar, como parte del acervo, un piso floral de mosaicos restaurados e implantados allí, en ese fragmento destinado a mostrar ese estilo tan peculiar de elementos en las típicas viviendas yucatecas antiguas.

Cuando salimos de las salas de arqueología, nos adentramos en salas de otros periodos, coloniales y contemporáneos, Esa parte nos seduce por completo. Las imágenes viejas de iconografía católica son realmente suculentas. Llenas del candor de los fieles y los píos del siglo XIX (uno pensaría que son más antiguos, pero no). Antonio de Padua, Francisco de Asís, Jesusitos, Inmaculadas, sobre todo esa imagen de bulto, esa virgen inmaculada con su terno y sus mejillas con colorete, sus angelitos rechonchos revoloteándole los bajos del fustán, encajes envolviéndola, sus manos en delicada postura…¿será ésta la Inmaculada de la que escribe Juan García Ponce? En lo absoluto, aunque en el nombre reside toda la inocente y pecaminosa paradoja.

Bella es la cantidad de objetos, representaciones, maquetas empotradas en el piso con cubiertas de acrílico… ¿o es vidrio? Da miedo pisarlas. Para eso están hechas, nos dice el antropólogo coordinador. Hay techos de palma, albarraditas simuladas, calabazos, réplicas llenas de gracia.

Es muy atractivo el museo, no cabe duda. Pero sí mueve a reflexión. ¿Cómo se pensó? ¿Cómo se repartieron el pastel? ¿Cómo licitaron la construcción del monumental edificio? ¿Quiénes son el Grupo Hermes que aparece en la placa conmemorativa de inauguración? ¿Quiénes son los grandes inversionistas y sus grandes capitales que hicieron esta mole? ¿Podría hacerse un esquema de la dinámica de capitales que dieron vida a este magno proyecto con toda la transparencia y tranquilidad de conciencia que caracterizaron algunas de las grandes empresas arquitectónicas que dieron fisonomía e hicieron de este país un país grande y admirado?

¿Realmente el Instituto de Historia y Museos de Yucatán cumplirá con sus propósitos? ¿Cuáles son esos verdaderos propósitos? Dice el Mtro. Roger Metri que el Gran Museo del Mundo Maya “está llamado, desde su concepción, a ser el museo de referencia en México y el mundo…”, (aquí está el error fundamental, desde su nombre que debería ser el Museo del Gran Mundo Maya, en todo caso, para jerarquizar ética e históricamente como corresponde, lo que es realmente grandioso, no sólo grande de tamaño y pretensión, el mundo maya, no el museo que lo contiene. Es decir, la grandeza está en el pueblo maya, no en el edificio que alberga sus tesoros y su legado. ¿No lo creen así?

Sin duda, ésta es una de las más ilustrativas visitas que hemos tenido la oportunidad de realizar en esta aventura de nuestro Diplomado.

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 En una noche estática, una pequeña mata compite con la fronda de la ceiba.

En una noche con vientos huracanados. Ojalá que las ramas de la fronda los resista.

Trabajo del Equipo # 4 conformado por | Milton Acereto  / Silvia Cahuich Núñez / Juan Carlos Durán / Zulai Marcela Fuentes / Víctor González Pérez / Erik Lavadores May / Irving Peraza.

 

 

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